Domingo, 05 Septiembre 2010

El entorno

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Ubicación

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Comunicamos que...

Atalaya de los Arcangeles
es un espacio libre,
multidisciplinario y abierto
a todo movimiento espiritual,
filosófico y religioso
que convoque a
mejorar la calidad de vida.

NOTA:
La revista “Atalaya”
que circula no tiene
ninguna vinculación
con nuestro espacio.

 

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Los cuentos, desde la antigüedad se han usado como instrumento de conocimiento personal. Cuando los leemos, nos ayudan amorosamente a crecer y al "darnos cuenta".

Desde aquí, un cuento diferente cada semana.



El árbol de los problemas Imprimir E-mail
Lunes, 12 de Julio de 2010

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Había contratado un carpintero para ayudarme a reparar mi vieja granja. Él acababa de finalizar su primer día de trabajo que había sido muy duro. Su sierra eléctrica se había estropeado lo que le había hecho perder mucho tiempo y ahora su antiguo camión se negaba a arrancar.

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Dos Ratones Imprimir E-mail
Lunes, 12 de Julio de 2010

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Dos ratones cayeron dentro de un jarro que estaba lleno de leche.

Al ser el borde del jarro demasiado alto, quedaron atrapados en el recipiente y no les quedaba otra opción que nadar frenéticamente para evitar que se hundieron. Llevaban nadando más de dos horas cuando uno de los dos perdió toda esperanza y abandonó la lucha. Dejo de nadar y se ahogó.

El otro ratón estaba también muy cansado, pero decidió seguir luchando hasta el límite de sus fuerzas. Nadó y nadó sin descanso. Cuando ya no le quedaba fuerza alguna de repente la leche se convirtió en mantequilla y el ratoncillo, apoyándose sobre esta materia más sólida, pudo saltar por encima del borde y escapó.

Moraleja: no te rindes en los momentos duros; mantén la esperanza.

 
La Rosa y el Sapo Imprimir E-mail
Jueves, 24 de Junio de 2010

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Había una vez una rosa roja muy bella, se sentía de maravilla al saber que era la rosa más bella del jardín. Sin embargo, se daba cuenta de que la gente la veía de lejos. Se dió cuenta de que al lado de ella siempre había un sapo grande y oscuro, y que era por eso que nadie se acercaba a verla de cerca. Indignada ante lo descubierto le ordenó al sapo que se fuera de inmediato; el sapo muy obediente dijo: Está bien, si así lo quieres.

Poco tiempo después el sapo pasó por donde estaba la rosa y se sorprendió al ver la rosa totalmente marchita, sin hojas y sin pétalos. Le dijo entonces:
Vaya que te ves mal. ¿Qué te pasó?
La rosa contestó:
Es que desde que te fuiste las hormigas me han comido día a día, y nunca pude volver a ser igual.
El sapo solo contestó:
Pues claro, cuando yo estaba aquí me comía a esas hormigas y por eso siempre eras la más bella del jardín.

Moraleja:
Muchas veces despreciamos a los demás por creer que somos más que ellos, más bellos o simplemente que no nos "sirven" para nada. Dios no hace a nadie para que esté sobrando en este mundo, todos tenemos algo que aprender de los demás o algo que enseñar, y nadie debe despreciar a nadie. No vaya a ser que esa persona nos haga un bien del cual ni siquiera estemos conscientes.

 
¿Dónde estoy yo?

pensando

Érase una vez un hombre sumamente estúpido -un loco o quizás un sabio- que, cuando se levantaba por las mañanas, tardaba tanto tiempo en encontrar su ropa que por las noches casi no se atrevía a acostarse, sólo de pensar en lo que le aguardaba cuando despertara.

Una noche tomó papel y lápiz y, a medida que se desnudaba, iba anotando el nombre de cada prenda y el lugar exacto en que la dejaba.

A la mañana siguiente sacó el papel y leyó: "calzoncillos..." y allí estaban. Se los puso. "Camisa..." allí estaba. Se la puso también. "Sombrero..." allí estaba. Y se lo encasquetó en la cabeza.

Estaba verdaderamente encantado... hasta que le asaltó un horrible pensamiento:

-¿Y yo...? ¿Dónde estoy yo?. Había olvidado anotarlo. De modo que se puso a buscar y a buscar... pero en vano. No pudo encontrarse a sí mismo.

 
El Asno y el Camello Imprimir E-mail
Jueves, 29 de Abril de 2010

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Un asno y un camello caminaban juntos. El camello se movía con pasos largos y pausados. El asno se movía impacientemente tropezándose de vez en cuando. Al fin el asno dijo a su compañero:

-¿Cómo es que me encuentro siempre con problemas, cayéndome y haciéndome rasguños en las patas, a pesar de que miro cuidadosamente al suelo mientras camino, mientras que tú que nunca pareces ser consciente de lo que te rodea, con tus ojos fijos en el horizonte, mantienes un paso tan rápido y fácil en apariencia?

Respondió el camello:

-Tu problema es que tus pasos son demasiados cortos y cuando has visto algo es demasiado tarde para corregir tus movimientos. Miras a tu alrededor y no evalúas lo que ves. Piensas que la prisa es velocidad, imaginas que mirando puedes ver, piensas que ver cerca es lo mismo que ver lejos. Supones que yo miro el horizonte, aunque en realidad sólo contemplo hacia el frente como modo de decidir qué hacer cuando lo lejano se convierta en cercano. También recuerdo lo que ha sucedido antes y así no necesito mirar hacia atrás y tropezar una vez más. De este modo lo que te parece confuso o difícil se vuelve claro y fácil.

Reflexión: ¿Cómo caminamos por la vida? ¿Como asnos o como camellos?